Estrategia de producto y discovery
Lo que sale es un backlog, las integraciones de las que depende y una estimación con sus supuestos escritos, producida por el mismo equipo que lo construiría.
Cinco cosas, y cada una es un objeto que alguien puede usar, no la descripción de lo que hicimos.
Qué se construye primero, y la razón por la que va primero. Normalmente esa razón es el riesgo en las integraciones y no lo que se ve terminado antes.
Qué cuesta la primera release en tiempo y dinero, y la lista de cosas que cambiarían ese número si resultaran distintas.
Épicas e historias al nivel que se puede estimar de verdad, y no una lista de funcionalidades que después hay que volver a deducir.
De qué sistemas tiene que leer el producto y en cuáles tiene que escribir, qué puede hacer ya cada uno, y cuáles nadie revisó todavía.
Clickeable, de punta a punta, puesto delante de las personas que lo usarían, no un recorrido mostrado a quienes lo encargaron.
Un discovery que sólo puede terminar de una forma no es un discovery. Es la primera factura de un proyecto que ya estaba decidido.
El concepto se sostiene, las integraciones son alcanzables y el trabajo puede empezar. Lo que agrega el discovery es la secuencia: qué release va primero, de qué depende y cuánto cuesta la primera.
El caso habitual, y el que todos planifican.
A veces una parte de lo que se pidió ya existe como producto maduro, e integrarlo cuesta una fracción de construirlo. A veces la primera release sólo necesita un tercio del alcance para valer la pena. Las dos respuestas achican el proyecto.
En una plataforma para pacientes que necesitaba consultas por video, recomendamos integrar un proveedor especializado en vez de construirlo desde cero.
La idea es clara para quienes la tienen y no está probada con quienes la usarían. Entonces la salida honesta es un prototipo y un conjunto de hallazgos, y el desarrollo espera a que vuelvan.
Tres situaciones donde el costo de enterarse después es mucho más alto que el costo de enterarse ahora.
Un concepto puede ser claro para los fundadores y estar equivocado sobre el flujo de trabajo en el que tiene que encajar. Cuando los usuarios son médicos, o inspectores, o cualquiera cuyo día el producto tiene que sobrevivir, la distancia entre una idea bien argumentada y una usable es donde desaparecen los presupuestos.
Para eso sirve un prototipo: no es una demo, es un instrumento para enterarse temprano.
La capa de integración es donde se deciden estos proyectos. Qué puede exponer ya un sistema, qué no, y quién tiene que aprobar la conexión son preguntas de respuesta larga, y encontrarlas durante el desarrollo convierte un cronograma en una negociación.
El discovery es donde se hacen esas preguntas, mientras las respuestas todavía pueden cambiar el plan.
En las instituciones, el alcance lo aprueba gente que no fue parte de la conversación que lo produjo. Un backlog con una razón atada a cada prioridad sobrevive esa reunión; una lista de funcionalidades no.
Esa razón es el entregable. Sin ella, la reunión reabre decisiones que ya estaban tomadas.
En una sesión de trabajo de 45 minutos te decimos si esto necesita discovery, qué querríamos averiguar primero y qué cambiaría la respuesta. Trae la idea y la fecha que tiene atada.